¿Sabías que la productividad es un estilo de vida?

 

De qué te sirven todos los métodos de gestión inimaginables si luego, tus comidas son “lo primero que pille es lo primero que como” y tú despertar es apagando el despertador 10 veces porque sales de la cama al límite y corriendo.

 

Tus emociones llevadas al límite son las que te generan desánimo, ansiedad y falta de recursos para solucionar problemas. Son tus hábitos personales, los del día a día, esos gestos que te resultan “tontos” los que favorecen tu rendimiento y tú bienestar.

 

¿Te has parado a pensar en ello?

 

Las listas de tareas son consecuencia de los malos hábitos y los malos hábitos nos llevan a tener listas de tareas interminables y obsoletas. Sí. Lo sé. Y entonces, ¿qué? Queremos una receta.

 

La productividad es algo personal, un modo de entender nuestra vida y la forma de producir. Si tus hábitos son descuidados y tu vida se basa en la improvisación, ¿cómo puede ser posible que luego, en tu puesto de trabajo, lleves un ritmo coherente contigo mismo?

 

Vale. Sí. No era lo que querías leer.

 

Tenemos que ser conscientes de:

  • La fuerza de voluntad se va porque pedimos imposibles o metas que no queremos realmente.
  • La motivación se logra con metas realistas y sinceras, acorde a lo que queremos de verdad.
  • Cambiar implica dar pasos pequeños, fraccionar hábitos, para que se mantengan en el tiempo.

Entonces:

1.- PLANIFICA a diario, pero teniendo en cuenta el año completo. ¡Y escribeLO! Al escribirlo lo puedes ver. Yo tengo una corchera con lo más “gordo” y luego, cada acción fraccionada que me llevará a ese objetivo final. Una de las cosas “gordas” que más deseo es mi MOTO DUCATTI DIAVEL.

 

2.- FRAGMENTA lo que tengas que hacer. No es lo mismo desarrollar un programa formativo de golpe que hacerlo unidad a unidad. Seguimos con el ejemplo de la moto:

Quiero una moto Ducatti que no podré conducir si no me saco los permisos de conducir A2 y A. Acciones detalladas: Sacar el A2 este verano. Esperar los dos años reglamentarios y sacar el A. Al tercer año, la Ducatti es mía. Y mientras, un sobre con euros extra todos los meses para que, al final de los tres años, tenga los más de 20.000 euros que cuesta la moto de mis sueños.

Si la quiero YA, AHORA MISMO, va a ser IMPOSIBLE… Si soy realista conmigo misma puedo conseguirla por mucho que me lo niegue mi entorno. ¿Me explico?

 

3.- DESCUBRE que momento del día se presta más para ponerte según lo qué. Yo odio levantarme y ponerme directa con los correos. A primera hora estoy fresca así que prefiero escribir o desarrollar contenidos.

 

4.- SÉ REALISTA. Ya está bien de soñar con la publicidad que nos venden o con los deseos de otros. Si no eres realista contigo no valdrá nada de lo que hagas por que no serás capaz de llevar nada a cabo, o si lo llevas, no será todo lo bien que podrías hacerlo.

 

5.- Adiós INTERRUPCIONES. Al estar todo planificado acorde a tu trabajo (planificar no significa que sea inamovible… hay que dejar espacio a los imprevistos que la vida y el día a día nos regala) sabrás en qué momento puedes parar.

 

6.- CUIDATE. Sé que está de moda la salud, pero no es cuestión de modas sino de nuestro bien mental, físico y emocional. Si te duele algo, te duele a ti. Si no rindes por falta de descanso, no rindes tú. Busca algo que te mole hacer y no lo hagas dos días a la semana de golpe y porrazo sino todos los días 20 o 30 minutos. ¡¡¡Sí que los tienes!!!

Te pongo un ejemplo personal. Odio el gimnasio y no puedo hacer nada de impacto (nada de running, de zumba… NADA DE LO QUE MOLA … lee esto último en tono alto y enfadado) pero tengo que hacerlo, ahora sí ya por recomendación médica.

Hace un par de meses decidí analizar mi día a día, con detalle, con puntos y comas y descubrí que, justo antes de recoger a los niños a las 14:20 del mediodía, tenía como una hora que dedicaba a cosas varias según el día: leer más correos, revisar las redes, ir antes por casa a correr para poner la comida, tomar un café con alguien hacer alguna llamada.. .es decir, IMPROVISABA. Eso, ni es productivo ni es nada. Así que, de 13 a 14 horas, TODOS LOS DÍAS DE LA SEMANA, ME VOY AL GIMNASIO.

Y digo todos los días porque, por un motivo u otro, alguno fallo lo que hace que asista, como mínimo, 3-4 días.

Ya han pasado 3 semanas desde que comencé y, en serio, es flipante como me siento. Además, no es un ejercicio exagerado que me rompe sino todo lo contrario, es un ejercicio constante lo que hace que las tardes sean mucho más frescas y productivas porque no voy arrastrada.

Sobra decir lo guay que está mi mente que tiene 30 minutos al día de desconexión y de escuchar música alegre. 30 minutos sin escuchar hablar a nadie! 30 minutos para mi sola!

¿Qué prefieres? 30-40 minutos, 4 días a la semana o una hora, dos días a la semana… La verdad es que los hábitos se hacen paso a paso, por eso, quedarme con dos días sólo, como que no lograba yo ser constante en ninguna actividad propuesta.

Ahora sí. ¡Y si no voy, lo echo de menos! Además, no solo son solo es el ejercicio. Es todo el proceso. Te lo cuento: Salir de hacer ejercicio. Darte una ducha tibia para oxigenarte. Disfrutar de la sauna mientras me echo la crema corporal. Vestirse y… ¡Voilá!

 

Te invito a que analices de modo detallado, hasta el último minuto, dos o tres días completos de tu semana y descubrirás, aunque no quieras reconocerlo, en dónde pierdes el tiempo y de donde puedes sacar para invertir en ti, en tu salud, en tu bienestar.

Si no lo haces tú, ¡NADIE LO HARÁ!

 

 

 

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